Este verano estuve con unas amigas pasando unos días en un precioso pueblo de la província de Girona, Cataluña, llamado Tossa de Mar. Todavía tiene el regusto de esos antiguos pueblos mediterráneos pescadores, con casitas antiguas, pequeñas calas, agua cristalina... pero claro, adaptado a los tiempos modernos, en los que el comercio del turismo da más beneficios que la pesca, por lo que ahora está plagado de restaurantes, bares y visitantes extranjeros (vi muchos franceses, supongo que por la cercanía geográfica).
Aún así, con turismo, es un placer caminar por sus calles, subir hasta el castillo, tomar un café en el faro, darse un baño en la playa y degustar platos con sabor a mar.
Aquí os dejo unas fotos que saqué aquellos días tan placenteros y ya tan lejanos en el tiempo. Fijaos en los colores del mar y del cielo, toda una demostración de belleza de la naturaleza, que nos empequeñece a los humanos cuando hacemos los tristes intentos de emularla.
Siento no poner más fotos del pueblo en si, pero es que estaba tan saturado de gente que al final se veían más cabezas que pueblo, así es que me he quedado con las que dan una sensación más real de lo que os podéis encontrar si váis en época baja (ni se os ocurra pasaros en verano, o si lo hacéis, acordáos de que ya os avisé).