Hoy me ha llegado una tarjeta invitándome al bautizo de Adrián, el hijo de mi amiga Julia.
No voy a negar que me ha hecho ilusión recibir la invitación, muy bonita ella, decorada con globos y un osito, toda ella en tonos azules y algo más moderna de lo que eran las tarjetas de antaño. ¡Muchas gracias Julia!
Pero... me ha hecho pensar un poco. Adrián acaba de cumplir un año y ya lo quieren 'inscribir' en la iglesia como católico. Él no lo ha decidido, si no sus padres. ¿Y si le dejamos que crezca un poco y que sea él mismo quien tome la decisión de bautizarse?
Entendedme, no es que me oponga frontalmente, pero mis ideales humanistas (eso creo que me han llamado alguna vez) me empujan a pensar que cualquier decisión importante para una persona, debería ser esa misma persona la que la tomara. No se, el bautizo me suena como un 'gancho' de la iglesia para captar nuevos adeptos. Al bautizarte te 'endosan' unas creencias que es posible que no compartas cuando crezcas y por lo que se comenta, no es nada fácil lograr que la iglesia católica te 'borre' de sus bases de datos...
De todas formas, y habiendo dejado clara mi opinión, tengo que decir que por supuesto acudiré a la celebración y le llevaré un pequeño regalo a Adrián para que cuando crezca y sea consciente, se acuerde de mi.